Una mujer así, no es una mujer cualquiera

Una mujer luchadora nunca se rinde ante la adversidad.
Una mujer que ama no es de piedra, pero tampoco de cera.
Una mujer que lucha y ama, nunca se lamerá las heridas.
Una mujer que pierde una batalla puede llorar a escondidas, pero siempre esbozará una sonrisa.
Una mujer que rompe barreras no se rinde aunque de pie se muera.
Una mujer que se permite un momento de debilidad sigue siendo una mujer; con sueños e ilusiones, que vive fantasías en sus paraísos inventados, que viste de añiles el campo y salpica con su sangre las flores blancas que le salen al paso.
Una mujer así, no es una mujer cualquiera. Es una guerrera intentando llegar al cauce del arroyo para beber agua, refrescar con ella su frente y lavar la sangre de sus manos…
Una mujer como esta no piensa en amores ni cambia pañales ni amamanta más hijos que los que ya parió.
Una mujer así es la cara y la cruz de la moneda que se lanza al aire buscando la suerte en ese efímero tiempo que transcurre hasta caer entre las palmas de las manos…
Una mujer así, siempre estará sola y rodeada de silencios fatuos; solo la perseguirá el sonido de los cascos de su caballo al alejarse del paisaje de batalla.

Una mujer luchadora se irá sin esperar laureles ni oropeles porque no es una mujer como las demás; desaparecerá para siempre sin dejar el recuerdo de su vida y de sus actos.

Una mujer así jamás dejará el rastro de su silueta recortándose contra el horizonte a la caída del último rayo de sol…»


Alicia Rosell®© “Quijotadas y mansedumbres”, de Alicia Rosell. Bilbao, 2013 (Revisado y corregido hoy, 4 de febrero 2016)

Deja un comentario