“El Nobel de Literatura más cuestionado o Bob Dylan en estado puro”

«Bob Dylan no parecía un candidato perfecto ni apropiado al Premio Nobel de Literatura del pasado año hasta que se lo concedieron a pesar de su calidad de poeta-cantautor. Que se sepa, solo publicó poesía al comienzo de su carrera y luego, se decantó por la música, por el lirismo poético donde él mejor creyó que encajaban sus versos y sus historias contadas con su particular estilo, el mismo que lo hizo candidato al Nobel y que todos criticaron y otros alabaron.

“¿Cómo se podía conceder premio tan importante a un simple juglar?”. Así se enfurecían muchas personas mientras Bob Dylan seguía en silencio días después de conocerse la noticia. Mientras tanto, seguíamos leyendo o escuchando: “¡No es escritor, no tiene ni un solo libro publicado!”. Era cierto. Lejos de sus libretos de música, propios de su trabajo como cantante y músico, Dylan no tenía detrás de sí una Obra Literaria sin parangón como para llegar tan lejos y alto en las esferas literarias. Y, sin embargo, él seguía ajeno a las discrepancias entre sus detractores y defensores.

A mi juicio, su comportamiento durante todo el proceso ha sido loable. No considero que estuviera despreciando a la Academia Sueca -como algunos críticos llegaron a clamar- porque si así hubiera sido, él habría rechazado el Premio. ¡Pero no lo hizo! Todos se echaron las manos a la cabeza pensando si habrían acertado al elegirlo a él ni a otro, como Leonard Cohen –fallecido con posterioridad a esta concesión que lo dejaba a él entre bastidores-, quien también se tomó el asunto con mucha inteligencia y bromeó con el asunto para restarle importancia. Fue así porque no existía rivalidad entre ellos y porque ambos sentían correr por sus venas el oficio de juglar, el poeta que va llevando su voz y su palabra a las gentes que desean escucharlos cantar sus trovas, y porque no estaban acostumbrados a vérselas con editores de libros ni tienen más tiempo para giras promocionales que no sean las musicales.

Ellos, Dylan que es quien me ocupa, escogió esta vía como acercamiento a las masas para llevar, especialmente, al pueblo americano, sus mensajes que engrandecían más aún a su país. A su modo y a mi modo de ver, la Academia lo consideraba un hito en la historia de la música por esa epopeya de tocar con sus letras, poemas y canciones, el alma y el corazón de las gentes del pueblo llano americano. ¿Podía existir razón más loable para ser el “elegido”? Esa es la declaración que dieron los suecos para que dejara de ser cuestionada su decisión.

Y así, mientras él seguía oculto e incluso se anunció que no iría a recoger el Premio a Suecia, las malas lenguas no dejaban de criticarlo ora para bien ora para mal. Sin embargo, Dylan no ha reaccionado como la mayoría esperaba porque no renunció. Si a casi nadie le parecía apto como ganador del Premio más prestigioso de la Literatura mundial porque no tenía libros en el mercado editorial, él prefería no asistir personalmente y delegó en la emocionada cantante, Patii Smith, su discurso y una de sus canciones para recogerlo en su nombre y en el de todos los indios americanos. Loable: Bob Dylan en estado puro.

A partir de esa ceremonia todo quedaría en mera anécdota. Eso sí: durante un tiempo seguimos sin ver libros de Bob Dylan, ni siquiera aquellos primeros poemarios que publicó en su juventud. Hasta que hace dos semanas, en una librería de mi pueblo me topé con un enorme tomo color verde en cuya portada rezaba el título: “BOB DYLAN LETRAS”. Primero me asombré. Luego me dije que al fin se había hecho justicia editorial y que ya no había motivos para seguir cuestionando si un cantante merece o no el Nobel de Literatura.

Pues bien, Bob Dylan tiene ahora en su haber, además de una dilatada y exitosa carrera musical, un libro repleto de poesía para cantar, lirismo puro -diría yo-, la obra máxima de cualquier gran autor que se precie de sus letras. Estoy segura que él no subsanó el “error” porque lo intuyo como persona humilde aunque haya estado dando sensaciones muy contrarias con su absoluto silencio. Y digo esto porque el librote que han editado es más ‘vanidoso’ por fuera que por dentro. Es pura ostentación editorial para deleite de coleccionistas y amantes de la poesía o la música.

Bob Dylan con su guitarra

Nunca un Nobel de Literatura había sido editado después de habérsele concedido el Premio para poder justificarlo. Les soy sincera: me alegra infinitamente que todo haya terminado así. Siempre es el tiempo el que pone a cada cual en su sitio sin necesidad de defenderse de lo indefendible. Para muestra, la foto -en tres colores- del libro en cuestión encabezando estas letras…

Y colorín colorado, ya podemos leernos la música del juglar que no quiso hacer ostentación ante las televisiones de todo el mundo para recoger su Nobel y mientras tanto, seguía escribiendo y realizando sus giras como si tal cosa no fuera con él… Pero que lo aceptó. No hacerlo hubiera sido como dar al traste con su carrera y al hacerlo, acabó encumbrando su música -asegurando las ventas de sus discos que no dejará de crecer- y su nombre, que resonará en los anales de la historia por haber sido el primer artista que solicitó la creación de un premio Nobel especial para la música habida cuenta del revuelo mediático en el que se vio inmerso.

Asesorado o no por quienes cuidan de su imagen frente a los medios de comunicación, el caso es que esta historia -que desató millones de comentarios en todas las redes sociales- ha acabado muchísimo mejor de lo esperado y ahora, no solo Bob Dylan tiene el trofeo y la dotación económica que le corresponden, sino que tanto editoriales como productoras musicales tienen aseguradas sus ganancias por mucho tiempo. Porque no hay nada como echar mano de la lógica y del marketing.

Todo tiene siempre su final acorde al personaje y su trascendencia. Bob Dylan y Leonard Cohen son dos claros ejemplos de cohesión y coherencia pero con dos finales muy distintos pese a disfrutar del mismo denominador común: Apuestan y se dan por entero por “la poesía cantada”: Son juglares. Desafortunadamente, aunque Leonard Cohen no ha disfrutado del reconocimiento sueco en vida, también, a su modo, queda en los anales de la historia de la música y de las letras.

Lirismo es Literatura porque la poesía es uno de sus géneros; lo dije y defendí esta concesión en cuanto me enteré de la polémica suscitada a raíz del comunicado de la Academia Sueca. Sigo manteniéndome en la misma idea y con idéntica convicción. Lean ese tocho de libro de mil trescientas páginas y sean honestos consigo mismos para aseverar que Bob Dylan no es escritor .»

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Un artículo de opinión de Alicia Rosell ®© Galdakao-Bilbao, 17/02/2017

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