CUENTO DE FEBRERO (Cuentos con moralina)

        «Un bello recuerdo me asalta en mitad del fragor de la noche oscura: somos tú y yo, paseando bajo el mismo paraguas mientras charlamos de mil cosas, dejando tras de nosotros una estela de risas y bromas, puente abajo, caminando y parándonos a cada rato para mejor entendernos. Pasa el tiempo. Ya no puedo pasear por esos lugares porque me resultan extraños cuando tú no estás, ni puedo escuchar tus palabras cercanas, las mismas que me hacen recordar que estás en alguna parte, sin sentir que fueron y siempre serán esos momentos y no otros, los que me hacen sentir feliz.

        Ahora que ya sabes que sé dónde estás solo me falta que tú sepas dónde estoy yo. Pero aún no he descubierto la forma de rogarte que no olvides jamás ninguno de esos momentos del pasado para que logres la respuesta que no buscas por temor. Mientras espero alguna señal de humo que me indique que libraste con éxito tu última batalla, yo agito mi pañuelo contra el viento del norte que barre la superficie del agua bajo el puente aquel e intento meterme en tus sueños para que puedas verme; ya te veo a través de los ojos de mi imaginación caminando por las mismas calles, llenando el paisaje con tu figura y acaso, con otras que te acompañan.

        Hubo un tiempo en que el destino nos reunía en lugares insospechados y los tomaba como una señal. Ahora creo que solo fueron el preludio de los días de espaciada ausencia que se impondrían entre nosotros. Pero no me doy por vencida. Mañana bien pudieras leerme el pensamiento -desde esa distancia inexistente entre dos personas que se recuerdan-, y podamos celebrar la vida, un año más.»

 

Deja un comentario